
La arena acariciaba suavemente sus pies descalzos mientras apreciaba el crepúsculo. Sus mejillas estaban bañadas de lágrimas y notaba como la luz de su vida iba atenuándose poco a poco hasta que apenas se distinguía entre la oscuridad. Ella no era dueña de su destino, sino su padre, el cual había elegido a su futuro marido.
Miró hacía el horizonte, intentando perderse en él. Su larga cabellera negra ondeaba con el viento y las faldas eran arrastradas por el mismo.
Una pregunta tras otra pasaba por su cabeza, y no encontraba respuesta para ninguna; ¿Dónde habían quedado aquellos cuentos donde la princesa era feliz con el hombre a quien quería? ¿Qué había sido de aquella niña que sonreía a cada paso que daba y que no tenía ninguna preocupación?
No estaba prepara para todo aquello y no quería aceptar la pura realidad.
A su espalda se escucharon unas pisadas, que hacían crujir cada grano de arena. Una mujer, no mucho mas alta que Catalina, se acercaba hasta la joven, que en esos instantes estaba jugando con las olas que terminaban en la orilla.
Una dulce voz entre salió de los labios de Catalina, la cual apenas podía hablar por la angustia.
Catalina: Mama, ¿Por qué esta pasando todo esto?
La mujer, con cara apenada, se recogió las faldas y se sentó en la tibia arena. Comenzó a sumergir su mano en la arena, haciendo que esta quedase cububierta por los pequeños granos sepia.
Alegra: A veces las cosas en la vida no salen como una pretende. Hay que ceñirse a que algunas personas quieran escribir nuestro camino.
Catalina: No hay derecho, lo que esta haciendo es una barbaridad, deberías impedirlo.
Alegra: Catalina, las cosas están sucediendo así, no puedo hacer nada para evitarlo.
Catalina: Tu estas de acuerdo con la decisión de él. (Le dio la espalda)
Alegra se levanto y se acerco a la chica. Noto como los ojos de esta comenzaban a desprender varias lagrimas, aquello le rompía el corazón, pero no podía evitar nada.
Alegra: Desde que eras pequeña pretendí alejarte de la realidad, de todo lo que pudiera hacerte daño, pero fue el mayor error que cometí. Te idee un cuento de hadas y ahora, de un día a otro, se ha roto por completo. Esta es la realidad Catalina, la vida es así y tienes que aceptarla como viene.
Catalina: No puedo aceptar esto, no es justo.
Alegra: En este mundo no todo es justo.
Catalina: Se que mi vida se arruinara si hago esto, no puedo y tampoco quiero.
Alegra: Siempre puedes convertir la realidad en una aventura. Solo hace falta un poco de imaginación. Solo piensa en esa posibilidad.
Comenzó a caminar por sus propias huellas, alejándose de la chica, la cual quedo pensativa.
Catalina seguía luchando en su fuero interno por comprender todo aquello, pero era en vano, insistía en que su precioso cuento de hadas se había roto que su por venir era totalmente oscuro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario